Se calcula que la contaminación del aire causa varios cientos de miles de muertes anuales a nivel mundial. A pesar de que hay aún cierto debate en cuanto a la seriedad del problema, bastantes académicos de prestigio han calculado que aún con la aprobación de la Ley Federal para la Protección del Aire de los Estados Unidos (o el US Clean Air Act), una de las leyes más estrictas en cuanto a la protección de la calidad del aire en el mundo, unos cincuenta mil estadounidenses mueren de forma prematura a causa de la contaminación del aire cada año.
Quizás el contaminante del aire que con más frecuencia causa la muerte—tanto en naciones de primer mundo tanto como en los países sub-desarrollados—es la presencia de partículas, como el hollín y el polvo, que pueden causar la insuficiencia respiratoria. Otro motivo causante de preocupación en cuanto a la salud pública es el nivel de ozono en el nivel superficial (o la presencia del ozono troposférico), o la presencia del smog urbano. Esto bien puede ser la causa de muertes, así como de molestias serias y la pérdida de días de trabajo en ciudades a nivel mundial. Las emisiones que resultan del uso de la gasolina afectan de forma nociva a la salud y al coeficiente mental de los niños. La comprensión de la gravedad de este problema ha impulsado a muchos países a eliminar por completo la presencia del plomo en la gasolina, tanto como en otros combustibles. Asimismo, la emisión de dióxido sulfúrico pone en alto riesgo a personas que padecen de asma, así como a quienes padezcan de otras enfermedades de las vías respiratorias.
Por lo general, las personas de la tercera edad y los niños son los ciudadanos más vulnerables a problemas respiratorios. Hace tan sólo cincuenta años, la nación de Los Estados Unidos se vió sacudida por un desastre de contaminación extrema en la pequeña ciudad de Donora, en el oeste de estado de Pennsylvania, cuando la contaminación causó la muerte de 50 personas en cuestión de días.
La contaminación hoy en día pone en riesgo a millones de personas a nivel mundial, en especial a los niños que habitan en las grandes urbes del mundo. En un simposio llevado a cabo en la ciudad de Washington, D.C. en los Estados Unidos en febrero del 2000, se enfatizó la seriedad de los niveles de contaminación del aire en China. La radiación de los rayos ultra-violeta solamente aumentará conforme aumente el agotamiento de la capa superior o estratosférica de ozono. Asimismo, esto tendrá serias consecuencias en la salud ya que causará un aumento en el número de casos de cáncer de la piel, aumentará la debilidad del sistema inmune, así como un aumento en el riesgo de trastornos en los ojos (como por ejemplo, problemas de cataratas).
Las políticas, leyes y medidas que tienen como objetivo reducir la emisión de gases de invernadero también causarán otros impactos que no se relacionan con el clima, pero que, sin embargo, afectan la salud. Muchas estrategias que incluyen el aumento del uso eficiente de energía, así como el aumento en el uso de combustibles que no provenienen del carbón, traerían como resultado varios beneficios en cuanto a la calidad del aire, reduciendo la tasa de mortalidad que resulta de la exposición a partículas aspirables.
En 1997, un grupo internacional de especialistas médicos calculó que la aprobación de políticas que controlan de forma moderada la emisión del carbón a nivel mundial podría reducir el número de muertes que resultan simplemente de la aspiración de partículas nocivas hasta un total de 8 millones de personas entre el 2000 y 2020. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), así como otros grupos y organizaciones, incluyendo al Instituto del Clima, en marzo del año 2000 organizaron un seminario en Washington para determinar los costos y los beneficios anexos de las políticas diseñadas para reducir el efecto invernadero. Se requiere aún más trabajo de investigación para evaluar todos los efectos secundarios de estas políticas, como por ejemplo los beneficios y los costos en áreas fuera de la protección del clima y los reglamentos que tienen como objetivo la reducción de la emisión de gases de invernadero.
La comunidad a nivel internacional está discutiendo la necesidad de reducir las emisiones de invernadero para prevenir el aceleramiento del calentamiento atmosférico. Las autoridades y los políticos consideran a la protección del clima como un reto o meta que satisfacer a largo plazo. A pesar de que los beneficios principales de la protección del clima beneficiarán a las generaciones del futuro, toda acción que disminuya la emisión de gases de invernadero podría causar una mejoría perceptible inmediatamente en la calidad del aire, y por consecuencia, una mejoría en la salud.
Todo intento a nivel mundial por mejorar y proteger el clima y la calidad del aire se toma como una iniciativa de forma independiente. Esta falta de coordinación tiene todo tipo de desventajas desde el punto de vista económico y ambiental. El sector industrial puede verse afectado, ya que se puede requerir varios reglamentos y leyes para reducir las emisiones de carbón así como de otros agentes contaminantes. Este tipo de reglas puede ser un obstáculo para implementar reducciones en la contaminación a largo plazo. Desde el punto de vista ambiental, la protección de la calidad del clima y del aire por medio de medidas aisladas e independientes tiene muchas desventajas, como el desperdicio de recursos en estrategias individuales, siendo que si se tomaran varias acciones de forma coordinada, se podrían solucionar más problemas a la vez. Por ejemplo, muchas leyes enfatizan el control de la emisión de contaminantes automovilísticos sin enfatizar o invertir en el uso eficiente de energía o en el abandono del uso de combustibles que contengan carbón. Asimismo, se debe de enfatizar el apoyo electoral en cuanto a cambios en las leyes ambientales hacia el uso de sistemas de energía sostenibles. Al diseñar, implementar y anunciar una estrategia integral para la protección de la calidad del aire se deben de considerar los beneficios inmediatos que éstos pueden traer en cuanto al bienestar y la salud en cuestiones respiratorias y cardiovasculares, sobre todo en los miembros más frágiles de la población (los ancianos, los niños, o las personas que padecen de asma).
Estas políticas y leyes, que pueden lograr una reducción significativa de las emisiones de carbón, lograrían beneficiar a las generaciones por nacer en todos los países al mejorar la calidad del aire en los países subdesarrollados, beneficiando como resultado la salud general de la población. Una estrategia y leyes que se dediquen a resolver los retos de las nuevas generaciones en cuanto al clima y la contaminación podría también solucionar problemas de desigualdad entre los hemisferios del planeta (el hemisferio norte y sur, ya que la pobreza se encuentra de manera más significativa en la parte sur del planeta). Asimismo, podría hacer posible una transición más veloz a medios de producción de energía que no utilicen carbón, que contaminen menos el aire y, por consecuencia, que mantengan a salvo a los segmentos de la población en riesgo. Todo esto es esencial para proteger la calidad del aire y el bienestar de la población, así como al clima a nivel mundial.
El trabajo en conjunto más efectivo en cuanto a estrategias efectivas que se pueden realizar por los Estados Unidos para lograr la protección del clima y de la calidad del aire se encuentra en un estudio publicado a finales de 1999 realizado por STAPPA/ALAPCO. Algunas de estas estrategias ya han sido incorporadas a las leyes y medidas para proteger la calidad del aire en la Ciudad de México, Distrito Federal, a largo plazo. Esto es posible gracias a que las leyes mexicanas son más flexibles que las leyes estadounidenses en cuanto a la autorización de este tipo de acercamiento a la protección ambiental.