La definición de un ecosistema (abreviación de la expresión “sistema ecológico”) es un grupo de organismos en un espacio ambiental particular con condiciones físicas apropiadas que lo rodean. Un ecosistema es una unidad funcional que resulta de un conjunto de interacciones de elementos abióticos (categoría dentro de la cual se incluye la tierra, el agua, la luz, el clima, y los nutrientes inorgánicos), los elementos bióticos (incluyendo a las plantas, los animales, así como a los micro-organismos que se catalogan frecuentemente como productores o consumidores), y, finalmente, los elementos culturales (denominados también como elementos antropogénicos o creados por el ser humano).
Un ecosistema puede componerse de un área pequeña, como un campo (para uso agrícola, por ejemplo) o bien de un área enorme como el océano, dependiendo de a qué escala se quiera estudiar. Los diferentes ecosistemas describen a los diferentes tipos de hábitat en el planeta, y éstos incluyen: Los ecosistemas Árticos (o boreales) y alpinistas, que consisten de zonas frías que carecen de árboles; los ecosistemas forestales, que a su vez se dividen en varias subdivisiones (como por ejemplo, bosques tropicales, bosques perennifolios mediterráneos, bosques boreales y templados, y los bosques templados caducifolios); los pastizales y las sabanas; los desiertos y los ecosistemas semi-áridos. Los ecosistemas de agua dulce incluyen a los lagos, los ríos, y las marismas. Los ecosistemas marinos contienen una gran variedad, incluyendo a los arrecifes de coral, los manglares, praderas de hierba marina, así como otros ecosistemas costeños y de poca profundidad, así como las misteriosas y poco conocidas profundidades de los océanos.
A continuación, se mencionan algunos ejemplos de ecosistemas:
Los diversos ecosistemas hacen posible la vida humana, y son los recursos obtenidos de los diferentes ecosistemas lo que permite el progreso de poblaciones. Toda sociedad humana depende de ecosistemas para la adquisición de todo recurso—ya sea natural, espiritual, recreativo o estético. Todos dependemos de forma directa o indirecta de todos los productos y servicios obtenidos de diferentes ecosistemas—por ejemplo, las cosechas, el ganado, la pesca, el agua potable, el oxígeno, y la fauna.
Un muy buen ejemplo son los arrecifes de coral, que son esenciales para prevenir la erosión y proveer alimento a millones de personas que habitan en la costa de más de cien países gracias a todos los recursos marítimos que producen, así como por el turismo que atraen por su belleza, biodiversidad, las playas de arena blanca que respaldan y protegen. Se calcula que al menos medio billón de personas a nivel mundial depende de manera parcial o completa de los recursos proporcionados por los arrecifes de coral para sobrevivir, ya que dependen de la pesca, la maricultura, la espiga, el comercio marino y acuario, así como una gran variedad de oportunidades de empleo y comercio que se asocian con la industria turística.
Sin embargo, un 20% de los arrecifes de coral del mundo ya han sido destruidos y no muestran posibilidades de recuperación, y un 24% de los arrecifes del mundo se encuentran en peligro gracias a la presión de la raza humana, y también a causa del calentamiento global.
El clima es un factor primordial que afecta a los ecosistemas, y todo ser de todo ecosistema se ha tenido que adaptar, de una manera u otra, al clima de cada región dentro de la cual éstos habitan. El cambio del clima antropogénico tiene el potencial de alterar a todos los ecosistemas y a todo recurso o servicio que se proporcionan entre sí y a la humanidad.
El cambio del clima podría beneficiar a ciertas especies vegetales o de insectos aumentando el área de su dominio (por el aumento de temperatura). Los impactos en los ecosistemas y las poblaciones pueden resultar siendo nocivos o positivos, dependiendo de qué tipo de especies sean las que aumenten su ámbito, ya que éstas pueden ser especies invasoras (como por ejemplo, los mosquitos o la cizaña) o especies valiosas para el hombre (como por ejemplo, las cosechas de alimentos o insectos que polinizan).
El peligro de extinción aumentará para muchas especies, en especial en el caso de las especies que ya están en peligro o amenazadas a causa de su aislamiento geográfico, la pérdida de sus hábitats, el crecimiento demográfico, la reducción de sus poblaciones, o una muy baja habilidad para adaptarse a cambios térmicos. Muchas actividades humanas pueden causar daños a ecosistemas y a su biodiversidad al alterar los hábitats y por medio de la introducción de especies exóticas. Las interferencias del cambio del clima (causado por el ser humano) están causando pérdidas severas en todo tipo de hábitat natural en los países subdesarrollados.
De acuerdo al Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se cree con certeza que la resistencia y la capacidad para adaptarse naturalmente de muchos ecosistemas no será suficiente para sobrevivir por la cantidad inaudita de cambios que ocurrirán como resultado del cambio climático—incluyendo las inundaciones, las sequías prolongadas, los incendios forestales, las plagas de insectos y la acidificación de los océanos a lo largo del siglo XX1.
By Luisanna Carrillo-Rubio