Nótese que mucha de la información de este artículo proviene de Environmental Exodus (de Norman Myers; Instituto del Clima, 1995).
El Instituto del Clima define a los refugiados ambientales como “personas que están huyendo de crisis ambientales, ya sean eventos naturales o antropogénicos; ya sean a corto o a largo plazo”. La inhabilidad de ganarse la vida como resultado de la destrucción ambiental, los desastres naturales, o los proyectos de desarrollo obligan a los refugiados ambientales a emigrar de sus lugares de origen. Las razones que causan este desplazamiento de personas incluyen la degradación de la tierra, la sequía, la deforestación, los desastres naturales, así como otros cambios del medio ambiente que interactúan de forma nociva y destructiva con la pobreza y la presión demográfica. Hay, hoy en día, entre 25 y 30 millones de refugiados ambientales a nivel mundial, y esta cifra se espera aumentará a hasta 200 millones de personas hacia mediados de este siglo, mayormente a causa del cambio del clima. En contraste con los refugiados tradicionales, los refugiados ambientales no son reconocidos por la Convención de Ginebra ni por la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (AONUR) y por consecuencia, no tienen el mismo estatus legal ante la comunidad internacional.
Hoy en día, el número más grande de refugiados ambientales proviene del área del sub-Sahara en África, el subcontinente Hindú, China, México, y Centroamérica. La complejidad de los cambios del clima, mas la falta de estudios recientes, hace al censo del número total de refugiados ambientales extremadamente difícil. El análisis más reciente y completo, publicado en 1995 por el Instituto del Clima, identifica a 25 millones de refugiados ambientales a nivel mundial. El autor del reporte, Norman Myers, ha calculado desde entonces que el número total de refugiados ambientales se encuentra entre 25 y 30 millones de personas. De los 25 millones de refugiados en 1995, habían aproximadamente 5 millones de refugiados huyendo de la sequía extrema en el Sahel en África (la franja de pastizales semi-áridos y la Savannah que se encuentran entre Senegal y Etiopía); 4 millones de refugiados ambientales en el Cuerno de África; por lo menos 7 millones en otras partes en la región del Sub-Sahara de África padeciendo hambrunas; al menos 6 millones de refugiados en China por causa de la carencia de tierras arables (de los 120 millones de habitantes desplazados en el interior del país); y por lo menos 2 millones de mexicanos huyendo de la degradación ambiental. Hay aproximadamente 50 millones de personas en China y la India quienes han sido desplazados por proyectos de construcción públicos, un millón de los cuales aún no se han re-establecido. Otras grandes poblaciones de refugiados ambientales existen hoy en día en Kenia y en El Salvador.
Lo más preocupante es que el reporte indica que un número mucho mayor de personas enfrentándose a condiciones ambientales adversas, la pobreza, y presión demográfica que están en peligro de convertirse en refugiados ambientales. Este número incluye a 150 millones de personas en el área del sub-Sahara de África enfrentándose a déficits de comida (o a hambruna); 135 millones de personas afectadas por sequías extremas; 550 millones de personas enfrentando una escasez de agua, un cuarto de billón de campesinos forzados a arar tierras en trechos infértiles en colinas, y cientos de millones de campesinos que han tenido que abandonar tierras de plantación y ganadería típicas a cambio de áreas de bosques tropicales.
El término “refugiado ambiental” incluye a cualquier persona desarraigada de su hogar por una denigración o destrucción ambiental prolongada, o por incidentes de corta duración, o programas de desarrollo de infraestructura. Los factores prolongados pueden interactuar con otros factores haciendo al sustento agrícola difícil o bien imposible. Las causas de la degradación de la tierra incluyen el envenenamiento de tierras fértiles por la intrusión de agua salada, o salinización, la tala de árboles, la erosión terrestre y la pérdida de nutrición y de biodiversidad. Una de las formas más serias de degradación de la tierra se conoce como “desertificación”, que ocurre cuando los ecosistemas en tierras secas como resultado de fluctuaciones climáticas (en especial, las sequías prolongadas), así como prácticas humanas no-sostenibles, como la sobre-cultivación, el exceso de ganado, y la deforestación. La desertificación severa estaba afectando hasta a 100 millones de personas en el área del sub-Sahara en África en 1995. El mundo ha estado perdiendo alrededor de 60,000 kilómetros cuadrados de tierras fértiles y productivas al año gracias a la desertificación, y hasta un 1% de todas las tierras irrigadas-arables a la tala de árboles y la salinización, de acuerdo a Myers. La escasez de agua causada por la contaminación, la sequía, y el agotamiento de depósitos de agua dulce contribuyen a la desertificación y a las malas cosechas. Todos estos procesos impulsan a campesinos a salir de tierras tradicionalmente arables y crean una presión adicional sobre los cultivos restantes. Todos los que permanecen en sus tierras, bien podrían enfrentarse a la hambruna.
El fenómeno a corto plazo que puede causar un desplazamiento incluye desastres naturales, como huracanes, terremotos e inundaciones. La Federación Internacional de la Cruz Roja calcula que desde 1996, el número de personas afectadas anualmente por los desastres naturales llega hasta unos 210 millones. El Tsunami Asiático del año 2004 desplazó a un total de 2 millones de personas, muchas de las cuales permanecieron en campos de refugiados. Otro ejemplo sería el Huracán Katrina que en el año 2005 desplazó a 1.5 millones de personas, de las cuales 330,000 no podrán regresar nunca a sus hogares. Las víctimas de accidentes ambientales, como la catástrofe del reactor nuclear de Chernobyl y el derramamiento de químico de Bhopal, también se consideran refugiados ambientales, al igual que los 10 millones de personas que ven sus hogares afectados por el crecimiento o el desarrollo urbano. Proyectos, como los canales de irrigación, las presas y la construcción urbana, forzan a grandes partes de la población a re-establecerse. La construcción de presas en la India ha desplazado un número máximo de personas: un total de 33 millones.
La pobreza, las enfermedades, la hambruna, y la presión demográfica complican todo problema ambiental. La gente más vulnerable y más pobre, dependiente de la agricultura o de los recursos naturales para sobrevivir, a menudo habita en franjas limitadas en laderas o en tierra ya muy denigrada, y la presión de tener que alimentar a una población estable o en crecimiento solamente deteriora aún más las tierras. En las montañas de los Himalayas, los campesinos que han sido desplazados recurren a prácticas agrícolas no sostenibles de “cortar, talar y quemar”, pero la pérdida de más bosque solamente causa un aumento de sequías así como un mayor deterioro en la producción de cosechas. La contaminación del agua y su escasez también es dañina, ya que la falta de acceso a agua potable es la causa del 90% de las enfermedades que afectan a la población marginada de los países en vías de desarrollo. Además, las víctimas de la denigración ambiental, o de otros desplazamientos, a menudo se establecen en lugares urbanos peligrosos muy vulnerables a desastres naturales.
Muchas, si no la gran mayoría, de las cuestiones ambientales de larga o corta duración se intensifican por el cambio del clima causado por la actividad humana. El número y la magnitud de los desastres naturales han aumentado de forma significativa en las últimas décadas. Consecuencias del cambio del clima como el calor más intenso en ciertas áreas, las sequías u otras anormalidades climatológicas, y la elevación del nivel del mar contribuyen a las causas de la hambruna, interactuando con otras de las causas de la degradación de la tierra prolongada.
La Alta Comisión de Refugiados de la ONU (o la ACRONU) define a los refugiados como a víctimas de persecución, de guerra, o conflicto civil que han abandonado o huido de su país o lugares de origen. El estatus de refugiado le da a cada persona el derecho de obtener asilo seguro en otros países, o cuando esto no es posible, la provisión de asistencia y ayuda “como concesiones financieras, alimentos, herramientas, albergue, escuelas y clínicas”. La ACRONU ha más recientemente reconocido a personas desplazadas internamente (PDI). Los PDI son personas desplazadas por razones políticas o sociales al igual que los refugiados, pero que permanecen en sus propios países. Los PDI no califican para la consideración de los mandatos de la ACRONU, pero aún pueden recibir asistencia o protección. Ni la Convención de Ginebra, ni la ACRONU consideran al desplazamiento por causas ambientales como una circunstancia digna de recibir estatus de refugiado. La ACRONU ha alegado que a diferencia de otros refugiados o de los PDIs, los individuos desplazados por factores ambientales pueden pedir ayuda a los gobernantes de sus países y por este motivo, no caen bajo la jurisdicción de la comunidad internacional ni de la ONU. El reconocimiento de los refugiados ambientales obligaría a la ACRONU a extender su ya muy extendido y limitado presupuesto de $1 billón al año a más del doble para lograr ayudar al doble de los refugiados. Algunas personas temen que la consideración de refugiados políticos como refugiados inundaría a la comunidad a nivel mundial de refugiados limitando y entorpeciendo la asistencia y la capacidad de responder a las crisis. Esto podría también causar una sobre población en países que ya están intentando limitar su número de inmigrantes.
La dificultad de definir lo que es un refugiado ambiental crea otro obstáculo en cuanto a su reconocimiento internacional. La ACRONU tiene cuidado al crear una distinción entre los refugiados y los inmigrantes económicos, quienes son personas que abandonan sus países por ir en búsqueda de mejores oportunidades económicas pero que podrían regresar a sus países sin correr el riesgo de persecución. Los gobiernos que patrocinan la asistencia a refugiados temen que habrá una avalancha de buscadores de asilo si el estatus de refugiado se extiende hasta incluir a los inmigrantes económicos puros. Los factores ambientales están directamente ligados a factores económicos, sin embargo, para aquellos a quienes Myers ha llamado refugiados ambientales, las oportunidades económicas más favorables que éstos buscan al inmigrar son favorecedoras sólo comparadas con situaciones en las cuales es completamente imposible sobrevivir. En el caso de los refugiados ambientales y la lucha por su reconocimiento, Andrew Simms y Molly Conisbee sostienen que muchas personas huyendo de situaciones destructivas ambientales no pueden en realidad pedir auxilio a sus gobernantes. Una gran parte de los refugiados ambientales del mundo viven en países débiles o bien en estados fallidos que no tienen los recursos ni para asistirles, ni para re-establecerlos en otro sitio dentro del mismo país. Algunos estados o naciones pueden tener hostilidad hacia, o incluso ser la causa a raíz del desplazamiento de, los refugiados ambientalistas.
Debe hacerse notar que el Programa Ambientalista de la ONU ha reconocido la existencia de los refugiados ambientales y ha desempeñado un papel esencial en atraer la atención del mundo a este problema. A pesar de que el término “refugiados ambientales” ha empezado a penetrar el léxico internacional, como esta sección lo indica, no hay un consenso en cuanto a cómo manejar lo que Norman Myers caracterizó en 1995 como “una crisis urgente en el campo universal.”
Los cambios del clima que han sido causados por la actividad humana amenazan con crear una crisis inmanejable en cuanto a los refugiados ambientales durante este siglo. El cambio del clima llevará a un aumento en la desertificación, sequías, elevación del nivel del mar, y eventos climáticos extremosos que tendrán impactos serios e incluso inesperados en la población. La gran mayoría de las personas en peligro se encuentran en los países sub-desarrollados—en particular, aquellos países en vías de desarrollo que habitan en áreas de bajo nivel del mar, en islas pequeñas, así como en el norte de África—que no tienen la capacidad para adaptarse a las variaciones climáticas. Jeffrey Sachs, del Instituto de la Tierra, advierte que hay cuatro tipos de geografías diferentes que se enfrentarán a los retos más serios para poder adaptarse a la crisis del cambio del clima. Estas son las siguientes: establecimientos humanos muy poco elevados sobre el nivel del mar, regiones agrícolas dependientes del agua de ríos que se originan del derretimiento de glaciares y nieve, regiones áridas y sub-húmedas que sufren a causa de la sequía, y regiones del Sureste de Asia que se enfrentan a la posibilidad de cambios de los patrones de monzones.
Muchos de los riesgos que se esperan ocurrirán por el cambio del clima se relacionan directamente con la seguridad del agua. Las sequías y la desaparición de glaciares llevarán a la escasez de agua que tendrá efectos devastadores en las áreas en latitudes bajas, en donde las altas temperaturas rápidamente acabarían por completo con la humedad de la tierra. Los países que están a bajo nivel sobre el mar, y que ya se enfrentan a inundaciones a causa de la elevación de las aguas del mar, también se verán afligidos por el envenenamiento de las tierras de las cosechas así como del agua potable gracias a la intrusión de agua salada. Myers calcula que el número de personas que carecerán de agua en el año 2025 será entre 2.8 y 3.3 billones de personas. Lester Brown predice que 3 billones de personas se añadirán a la población mundial hacia el año 2050; de los cuales la mayoría “estarán habitando en países en los cuales el acceso al agua ya esta reduciéndose.”
La desertificación es la causa principal que está desplazando a muchos de los refugiados ambientales del mundo, y ésta aumentará a causa de la escasez de agua y de la presión causada por el crecimiento demográfico. Un tercio de la población del mundo actualmente habita en áreas amenazadas por la desertificación. En el norte de África, en Marruecos, Túnez y Libia, la desertificación ya ha hecho de 1000 kilómetros cuadrados una tierra no apta para la agricultura. La erosión de la tierra ha arruinado a 160,000 kilómetros cuadrados de las tierras de cultivo de Turquía. Las inundaciones y la salinización a causa de la elevación del nivel del mar amenazan actualmente a áreas costeñas en donde habita el 10 por ciento de la población mundial. El aumento de la temperatura oceánica destruye la industria de la pesca por la descoloración (a causa del cloro) de los corales así como por la acidificación asociada con el aumento de los niveles de dióxido de carbono. Myers anticipa que la elevación del nivel del mar directamente afectará a 26 millones de personas en Bangladesh, 12 millones en Egipto, 73 millones en China, 20 millones en la India y 31 millones en otras partes del mundo. Muchas de las islas más pequeñas del mundo, incluyendo a Tuvalu y la Islas Marshall, tendrán que enfrentarse a inundaciones serias, e incluso a un hundimiento absoluto, hacia mediados de este siglo.
Los fenómenos de clima extremo como por ejemplo los ciclones de mayor intensidad, las tormentas, las ondas de calor y la variación en los patrones de El Niño van a continuar afectando al bienestar de un gran porcentaje de la población. El número de personas que sufren a causa de los impactos de desastres naturales ha aumentado el triple, hasta afectar a 2 billones de personas en la última década. El sistema de los monzones, responsable de un 70 % del total de la lluvia en el subcontinente Hindú, podría cambiar dramáticamente y tener resultados impredecibles—muy probablemente un aumento en las sequías en ciertas épocas del año, así como inundaciones en otras. En julio del año 2007, un monzón de intensidad inusual causó caos en el sub-continente hindú, desplazando y afectando a millones de personas. A causa de su posición a baja altura y su cercanía a una delta de río, la nación de Bangladesh ha sufrido en extremo y continuará siendo uno de los países más profundamente afectados por el cambio del clima. Las inundaciones en el mes de Julio, del 2007, impactaron a más de la mitad de los municipios de Bangladesh, y a más de un millón de familias. El país tuvo que enfrentarse al tener el doble de las lluvias que tiene en promedio, y a la vez, sufrió a causa de los desbordes de los ríos a causa de los excesos de lluvias provenientes de la India.
Es importante considerar a cada uno de estos problemas dentro del ámbito del crecimiento demográfico que se espera ocurrirá en este siglo. Norman Myers calcula que hacia el año 2050, hasta 160 millones de personas estarán en peligro gracias al aumento del nivel del mar a causa del cambio del clima. Aparte, otros 50 millones de personas se convertirán en refugiados ambientales como resultado de las sequías y de otras variaciones climáticas.
Muchos estudiosos académicos y activistas trabajando en el campo del cambio del clima, están luchando por el reconocimiento internacional de los refugiados del clima, Molly Conisbee y Andrew Simms, dos escritores británicos que han publicado extensivamente acerca de temas ambientales, continúan arguyendo a favor de que la Convención de Ginebra o la ONU reconozcan a los refugiados ambientales, o a favor de la creación de una convención internacional para dar “el reconocimiento y la seguridad a nivel internacional, independiente de y, separada de los gobiernos de naciones afectadas”. El reconocimiento de los refugiados vendría seguido de la formación de una comisión de las Naciones Unidas que se reportaría directamente al Consejo de Seguridad de la ONU. Las naciones que han sido a lo largo de la historia las más contaminadoras deberían reconocer su “deuda ecológica” y hacerse cargo de su responsabilidad ante las naciones en vías de desarrollo que tendrán que enfrentarse a las consecuencias. Janos Bogardi de la Universidad de las Naciones Unidas ha también luchado por el reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas, pero enfatiza que una convención separada, o un tratado, se requiere para no erosionar la protección de los refugiados tradicionales. Estas medidas deberían de crear provisiones para los inmigrantes ambientales.
Adicionalmente, el Centro por el Progreso Americano (Center for American Progress) ha presionado a la cámara de diputados y de senadores estadounidense para que se consideren a los refugiados ambientales del futuro.
Para limitar la concentración de gases invernadero que está causando el cambio del clima, las naciones del mundo tendrán que reducir de manera drástica sus emisiones de gases invernadero, incrementar los esfuerzos por incrementar la energía benigna de invernadero, e invertir en el desarrollo sostenible. Al aceptar que hay ya un consenso acerca de la gravedad del cambio del clima, Conisbee y Simms sostienen que los países que no reduzcan sus contribuciones al cambio del clima estarán mostrando un “comportamiento intencional”. En términos legales e internacionales, esto constituye una “persecución ambiental.”
Myers advierte que para enfrentar el conflicto creciente de los refugiados, los científicos y los políticos necesitan considerar la raíz de los problemas ambientales en el nivel local. Myers defiende la medida que requiere que se utilicen $22 billones—aproximadamente la mitad del costo de las pérdidas que causa la desertificación anualmente, según sus cálculos—para una iniciativa anti-desertificación global patrocinada por la ONU. Un buen paso para prevenir la desertificación de áreas sería por medio de la reforestación o la restauración de áreas arboladas, según el ganador del premio Nobel, Wangari Maathai del Movimiento Cinturón Verde de Kenia. Los árboles proveen refugio, ayudan a mantener humedad en la tierra, y también en dados casos, pueden proteger de la humedad.
Es probable que la investigación y la política relacionada con el asunto de los refugiados ambientales aumenten si la cantidad de los individuos afectados continúa en aumento, según lo pronosticó Norman Myers en su estudio realizado para el Instituto del Clima en 1995. Cuando este estudio se inició en 1992, cuando el término “refugiados ambientales” no se utilizaba gran cosa. Hoy en día, el término se usa a menudo por líderes políticos así como por la prensa, a pesar de que no hay un acuerdo universal en cuanto al término y su definición. El cambio del clima está causando la elevación de los niveles del mar, las presiones demográficas y la degradación de la tierra creando conflictos para los seres humanos y sus comunidades, es muy probable que estos retos se conviertan en una fuente de preocupación a niveles nacionales e internacionales, en especial para los miembros más pobres de la sociedad que han sido desplazados y que se han dado a la huída por estos problemas ambientales y sus consecuencias. Esta sección de www.climate.org intentará enfatizar los muchos efectos e impactos que ocurren como resultado de este problema.
- Luisanna Rubio-Carrillo
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